viernes, noviembre 03, 2017

EL CEL: I

"Villahermosa, la segunda ciudad más insegura del país, 
donde el 93.4 % de los habitantes mayores de 18 años 
afirman sentirse inseguros"

-Encuesta de Seguridad Pública Urbana (ENSU) 1er., trimestre de 2017










I

El día realmente estaba caluroso, pero cómo no iba a ser así, si vivía en el “infierno verde”; en el país existían muchos tipos de calor, pero como el de Tabasco dudaba que hubiera dos, otros podrían parecerse pero no le llegaban, este clima te hacía pensar ¡pinche calor está de su putísima madre!, y sin embargo ni desahogándote de esa manera conseguías exorcizarlo de tu cuerpo, se creía que el mismísimo diablo había decidido abandonar el estado y mudarse a un lugar de tierra caliente, pero no con el jodido nivel de humedad que se sentía en este trópico que en compensación de tan altas temperaturas pareciera que dios había brindado esa gran cantidad de agua de la que gozaban, a no ser claro que, toda esa agua, era en realidad se tratara de la posición geográfica que ocupaba en el país y que por ser llano recibía los escurrimientos de la sierra en sus caudalosos ríos.

Angélica había entrado al turno de la tarde sin mucho ánimo, sabía que debía “pedalearle” duro para sacar una buena lana, manejaba un taxi de los blancos, de esos que llevan radio, por eso eran conocidos como radio-taxis, eran de las pocas uniones de taxis que usaban ese medio para estar en contacto, cuando Uber llegó al estado hubo cierta resistencia, pero los malos elementos, los malos choferes pues, habían hecho que la gente se sintiera atraída por ese nuevo servicio, porque antes de Uber, y de los taxis del aeropuerto, los radio-taxis eran los reyes del servicio V.I.P., pero a todo santo le llega su hora, los tiempos estaban cambiando; tanto así que ahora había más mujeres frente al volante y a ella le enorgullecía ser parte de ese selecto grupo.

Lo malo de trabajar el taxi en las tardes es que si no te va bien ya andabas arañando los límites de la noche con la madrugada, es como trabajar dos días seguidos, pero no hay de otra porque tienes que sacar lo de la tarifa y la ganancia, el dinero de más nunca cae mal, el detalle está en que la ola de crimen había crecido mucho en la ciudad, hacía apenas unos años Tabasco no figuraba en las estadísticas y ahora hasta el primer lugar ocupaba el en ranking, por más que la procuraduría local maquillaba y se hacía pendeja con las cifras, no se podía esconder lo que saltaba a simple vista, no solo la inseguridad había crecido, también la saña con la que se cometían los delitos porque ahora hasta bien descuartizados dejaban a los muertitos, posiblemente creyendo que de esa manera no volverían a la vida, uno nunca sabe por aquello de los “muertos caminantes” que también estaban de moda, otra vez.

Pero Angélica no se sentía insegura del todo, “la niña blanca” la protegía, la traía colgada en el cuello y tatuada en la pierna, a ella se encomendaba antes de ir a trabajar, como muchas de las madres solteras de este país, tenía que sacar a su hijo adelante ya que su esposo había muerto de manera repentina hacía ya algunos años, había ido a buscar un mejor empleo en uno de esos destinos turísticos del sur del país pero solo encontró la muerte, cuando le avisaron a Angélica no lo podía creer, no tuvo tiempo de sentir lástima por ella misma y buscó la manera de llevar dinero a casa y en el taxi encontró la solución.

La mejor forma de pasar el tiempo en el taxi era escuchando canciones en la radio, cuando ya le aburrían las mismas rolas de su memoria USB y del celular, sintonizaba la radio a veces ya no por escuchar la música sino a los locutores, algunos le caían bien y algunos otros eran un verdadero fastidio, estaban los que se creían grandes periodistas, y en palabras de Angélica, hablaban peor que ella, se preguntaba cómo habían llegado hasta ahí pero tampoco le quitaba el sueño, ese día en especial mientras atendía un servicio hasta la Plaza Altabrisa el noticiero de la tarde daba cuenta del hallazgo del cuerpo de una joven mujer, al parecer asesinada, cerca de uno de los ríos de la localidad, en la parte trasera del taxi se alcanzaba a escuchar el comentario de una anciana mujer que no escondía su desprecio por aquel crimen pero que al mismo tiempo ponía en tela de juicio la integridad de la joven.

-Seguramente andaba en malos pasos esa niña.

Ante aquel comentario prejuicioso Angélica solo alcanzó a mirar a la anciana por el retrovisor y decidió no decirle lo que realmente pensaba de ella y su comentario, porque seguramente la reportaría, pero no por ello iba a dejar de pensar que “Doña pelos” era una “viejita mamona” y que le cobraría un poco más de la tarifa habitual para que se educara, la tarde ya era demasiado pesada como para aguantar a gente como esa.

Después de haber dejado a “Doña pelos” Angélica estuvo haciendo unos cinco servicios más, aún así el turno había estado flojo para ella, pasaba de la media noche, entonces su celular sonó, miro el identificador y vio que se trataba de un amigo que no había trabajado ese día pero que necesita le hiciera un favor yendo por un cliente suyo a uno de los tantos congales del periférico.

-¡No mames Paco! por qué no le dijiste al tipo ese que hoy no trabajas- le decía molesta Angélica a su amigo.

-No seas así mami, hazme el paro, es buen cliente, además trabaja en la procu, nos conviene por si alguna vez tenemos pedos.

Angélica pensaba que no estaba de mal ganarse unos pesos más y de paso ganar un amigo en la procuraduría.

-¡Órale!, va cabrón, pero me la vas a deber puto.

Ya eran las dos de la madrugada y Angélica conducía por los carriles laterales del periférico buscando a su cliente cuando a lo lejos divisó a un tipo moreno, regordete y con corte militar que con mucho trabajo se mantenía de pie, Paco le había dicho que su nombre era Alberto, no le gustaba la situación.

-Pinche Paco me manda a buscar a este pinche “Beto” que se ve que está hasta el gajo, pero ni pedo ya estoy aquí.

La taxista se orilló a un lado del tipo, bajó el cristal y le dijo:

-Vengo de parte de Paco, yo le voy a hacer el servicio.

El tipo la miró un momento como tratando de confirmar que no se trataba de una visión y que realmente una mujer le estaba diciendo que lo llevaría a su casa, no tuvo ganas de contestarle nada y se subió a la parte trasera del coche. Arrastrando las palabras le pidió a Angélica que lo llevara a Pomoca, al escuchar eso la taxista le mentó la madre a Paco mentalmente que seguramente en esos momentos estaba agarrando el pedo con otros taxistas que tampoco habían trabajado esa noche.

Angélica acomodó su espejo retrovisor, miró al Beto que se cabeceaba como pollo desnucado y se encomendó a la “niña blanca” para que la protegiera en esa aventura no sin antes pensar –ojalá y este jijuela verga no me vomite el taxi- y condujo con dirección a Pomoca que se encontraba muy a las afueras de la ciudad y que técnicamente ya era otro municipio.

En la radio sonaban Los Ya Merito con su canción “Mercenarias de Afrodita” la cual al ser escuchada por el Beto, que venía babeándose y roncando como mandril, le pidió a Angélica que le subiera al volumen porque le gustaba, el coro decía “…mercenarias de afrodita, señoras y señoritas, siempre ofrecen un ¡te quiero! a cambio de tu dinero”, el Beto lo balbuceaba porque el alcohol no le permitía tener dominio sobre su lengua narcotizada  por el alcohol, la cara le brillaba un poquito, Angélica sonrió un poco al pensar que seguramente ese brillo era el polvo de alguna de esas haditas que trabajaban en el tubo del congal donde hacía apenas unos minutos había levantado al mono ese que traía a bordo.

Angélica miró por el retrovisor y comenzó a hablarle al Beto para que le indicara la calle y el número de casa, increíblemente el tipo pudo reaccionar y le indicó el camino, aquel lugar era un laberinto, las calles eran un desmadre y solo estando loca caminaría a esas horas por allí, pensaba la taxista, que una vez que ubicó la casa le dijo al Beto que iban a ser $ 200 por el servicio, el tipo sacó su billetera y tardó un momento buscando un inexistente billete de a $ 200 lo que hizo enojar a Angélica que inmediatamente se bajó del carro para ir a sacar por los pelos al Beto de su taxi.

Mientras caminaba hacia la puerta trasera, del lado izquierdo, donde venía el Beto la taxista empezó a echar madres.

-Mira pinche cabrón, hijo de tu pinche madre, me vale que seas amigo de Paco, a ver cómo puta madre me pagas, pero a mí no ve vas a ver la cara de pendeja.

El tipo estaba borracho, pero no pendejo, y en cuanto vio fúrica a la taxista hasta lo borracho se le bajó, así que le puso seguro a la puerta mientras con sus manos le hacía señas para que se calmara.

-Morena cálmate, permíteme explicarte, me robaron esas viejas.

-Me vale madres, a mi me pagas o te voy a partir tu madre, no creas que porque soy mujer no te voy a meter tus buenos putazos.

Algunas cortinas de ventanas de los vecinos se abrían tímidamente para observar qué era lo que estaba pasando en la calle, porque no es por crearle mala fama a los “chocos” pero somos un poquito chismosos.

Beto al ver que la mujer no se calmaba sacó un celular, un Iphon, fácil de identificar por la manzanita, el color era de un tímido rosa y se veía casi nuevo, se lo mostró a la taxista, bajó un poco el cristal y le propuso un trato.

-Amiga, espera, hazme el paro, te dejo este celular por el servicio, échame la mano, esta cosa cuesta como diez mil pesos.

Angélica lo observó incrédula y arremetió contra el tipo.

-¿Y cómo se que esa puta madre sirve?, a ver enciéndelo.

El tipo le mostró cómo brillaba la pantalla y hasta se lo desbloqueo para que viera que funcionaba, se lo pasó por la ventana a la mujer que rápidamente marcó el número de su cel y sintió cómo vibraba su nalga derecha,  viendo que todo estaba en orden se regresó a su lugar en el volante momento que aprovechó el Beto para bajarse antes que la taxista se arrepintiera y le dio las gracias por haberle aceptado el trato a lo que Angélica le contestó con una mentada de madre mientras aceleraba a fondo el taxi en señal de desprecio.

Beto vio cómo se perdía a lo lejos aquella mujer que por poco y lo bajaba a putazos, después de pensarlo un rato hasta le había gustado la morena esa, se metió a su casa a como pudo mientras cantaba “…mercenarias de afrodita, señoras y señoritas, siempre ofrecen un te quiero a cambio de tu dinero”

Al día siguiente el Beto se fue a trabajar crudísimo, sentía la cabeza de la chingada, traía puestos sus lentes de sol y aunque se había bañado y perfumado generosamente, el alcohol lo transpiraba, de todos modos ya lo conocían en la oficina, de camino al trabajo había comprado un consomé de borrego que llegó directamente a chingarse en su escritorio, estaba exprimiéndole un limón justo cuando se le acercó uno de los ministeriales a saludarlo.

-Ese mi Beto te la estás curando, ¿verdad cabrón?

-Ya ni me digas nada que anoche me fue de la puta madre.

-¿Por qué?, ¿No fuiste a puerquear?

-Pues por eso te digo, todavía que la pague el privado a la puta esa me empedé y me robó, ni para el puto taxi me dejó.

-Pues ni pex, pero con la venta del cel que te di te puedes recuperar ¿no?

Beto se le quedo viendo con cara de preocupación al ministerial quien al ver su reacción dedujo que algo había pasado con ese teléfono.

El ministerial se acercó hasta quedar cara a cara con Beto y entre dientes le dijo.

 –Si serás pendejo, cómo fuiste a perder ese puto teléfono, me jugué el pellejo sacándolo de “Evidencias” y tú lo pierdes a lo pendejo, íbamos a sacarle una lana imbécil.

Beto al verse amedrentado sacó valor de la cruda que lo estaba matando y le contestó al ministerial.

 –A mi no me estés hablando así, pendejito de mierda, además no lo perdí, se lo tuve que dar a la taxista que me llevó a mi casa, te dije que no traía dinero y esa vieja casi me mata a putazos si no le pagaba, así que te calmas porque lo puedo recuperar.

El ministerial se alejó de Beto y ya más sereno decidió escuchar lo que el tipo tenía qué decirle.

-¿Y cómo lo vas a recuperar?

-Voy a buscar a la tipa esa, un amigo tiene su número, le voy a pagar lo que debí haberle dado por el viaje y listo asunto arreglado.

-Pues más te vale cabrón porque mínimo unos dos mil varos me tienes que dar por ese cel, quién te manda a ser tan pendejo.

-Ese es mi pedo, te voy a dar tu dinero, pero no me estés chingando ya, y bótate a la chingada.

Beto se acomodó en su escritorio para por fin chingarse el consomé mientras pensaba que todo el mundo lo quería agarrar de su pendejo, al llevarse el primer sorbo de consomé a la boca se quemó la lengua haciendo que soltara la cuchara abruptamente provocando la risa de los demás oficinistas mientras al fondo se escuchó una voz que le decía.

 -¡Como eres pendejo Beto!