martes, abril 23, 2024

NO ME GUSTAN LAS SORPRESAS


Me exilié para alejarme de lo conocido,
Pensé matar los recuerdos con bastante gotas de olvido,
Pero ese intento en realidad me ha salido fallido,
Regreso a los mismos lugares, los mismos nombres, a los caminos,
Me descubro temeroso de lo desconocido,
Desconfío de lo que me presente y lo que quiera conmigo,
No me gustan las sorpresas pues no se mueven a mi ritmo,
No me gustan las sorpresas porque me agarran desprevenido.

domingo, abril 14, 2024

HOLA, MI NOMBRE ES EDUARDO Y SOY...SOCIABLE


Esto que voy a contarles no es algo fácil, recién acabo de darme cuenta de ello, bueno tal vez no precisamente darme cuenta pero sí acabo de aceptarlo, soy sociable, no sé que vaya a pensar la gente de mí.

Esta condición me aflige, no se imaginan la cantidad de años que me la pasé siendo un tipo introvertido, hermético, misterioso, mala cara, corajudo y hasta sarcástico, aún lo soy, para forjar una reputación de hijo de puta como para que ahora resulte que puedo tener el don de gente y hasta ser simpático, ¡puta madre!, ¿que dirá mi padre cuando se entere?, miren que yo no me he hecho solo.

Ustedes no están para saberlo pero a mí me obsesionó el concepto del "Ronin", esa palabra escrita en japonés tiene dos ideogramas, símbolos que significan objetos o cosas, uno que simboliza a un hombre y otro que simboliza a una ola de mar, es un hombre que va y viene como las olas y no se queda en un solo lugar; ademas un Ronin era un samurai sin un amo a quien servir, y por ende perdía su estatus como guerrero en la jerarquía de los terratenientes; los shogunes, y se convertía en un vagabundo, viajando solo o con otros Ronin, pero con un futuro incierto.

Llegué a firmar como Ronin, este blog se llama "Vida de Ronin" y mi camino iba más hacia el de vivir como ermitaño, hasta viví en una calle con ese nombre y alguno que otro me hizo la observación a modo de broma que ni mandado a hacer el nombre de la calle, pero hoy descubrí que puedo ser más sociable de lo que antaño me hubiese permitido, no sé si se trate de algún tipo de mecanismo de supervivencia social o qué carambas pero me cae que cuando me esfuerzo puedo llegar a ser hasta simpático, invento chistes de los que nadie se ríe, pero tengo la teoría de que por dentro rien sin parar, ¡si señor!

Y ustedes se preguntarán sobre el cómo llegué a esa conclusión, bueno todo sucedió hoy durante mi ida al medico; nos mandan una vez al año a un chequeo en el trabajo, platiqué con la asistente, con la doctora, con las compañeras que esperaban igual que yo, con la chica del taller de suspensiones, con el mecánico del taller de auto climas y días después con una chica que andaba haciendo campaña por morena, ella platicaba con un anciano que vendía pastelitos rellenos de jamón y queso, tambiennde carne molida, la muchacha me tomó por sorpresa y tal vez platicando con aquel hombre mayor este le externo que la venta iba mal por lo que me pidió le comprara al señor algo de su producto, acepté animado por la muchacha que al mismo tiempo le pedía a sus amigas consumiran el producto, tomaron cada quien un pastelito y le pedí al señor me los cobrara todos, la autora de este hecho me dijo que yo meiba a ir al cielo con todo y zapatos y yo le respondí que en estos días todos necesitamos un pase al cielo.

Yo sé que la cara no me ayuda y en horario laboral lo sociable se me descompone pero habrán ustedes de dispensar el mal funcionamiento, eso del don de gente tiende a ser como el internet de nuestras casas, suele ser intermitente, va y viene, como su señal, como las olas del mar, como un Ronin moderno que vaga por la ciudad.

lunes, abril 08, 2024

JACKPOT BATHROOM


Recuerdo perfectamente que de niños nuestros padres, cuando teníamos que salir por algún motivo, nos cuestinoban sobre si ya habíamos acudido a vaciar la vejiga o el intestino, cual fuese el caso, ya que ellos no iban a estar batallando por encontrar un baño a donde fuésemos, ya sea por higiene o economía ya que es bien sabido que algunos baños públicos no son beneficencia y cobran una pequeña retribución o costo de mantenimiento para poder usarlos.

Esa enseñanza cobra sentido conforme creces y el hábito de ir al baño en casa antes de salir habla bien de cualquier mujer u hombre que se considere previsor, y ahorrador, por aquello del cobro por el uso del baño.

Pero yo tengo cierto tipo de pánico de baño público, si, ustedes saben, el pudor hace que me bloquee, es como la gente que padece pánico escénico y no puede hablar frente a una audiencia, a ellos las palabras no les salen y en mi caso me cuesta desalojar el cuerpo, ya sea en líquido en sólido o en gaseoso; y es que estarán de acuerdo conmigo en que no es lo mismo aflojar el cuerpo en la comodidad de tu hogar que en la compañía de extraños, pero lo que debo aceptar es que a veces la necesidad es tan grande que nos vemos obligados a dejar colgado el pudor en la entrada del baño público so pena de sufrir una verdadera tragedia es decir, cagarla...o miarla, literalmente.

Y como buen Godín de hábitos oficinescos aquella mañana me empujé una jarra completa de café, la vejiga me pedía a gritos un desfogue de emergencia y yo buscaba con la mirada escrutiñadora un baño que me salvará la vida.

Ese día acompañaba a mi amigo a la Central de Abastos, territorio desconocido para mí, no es que nunca hubiese ido pero nunca me había urgido un baño como aquel momento, antes de que mi amigo se estacionara alcancé a ver uno pero dimos tantas vueltas que me desorienté y perdí mi oportunidad de salvar la situación por mí mismo, no me quedó otro remedio que preguntarle a mi amigo por el baño a lo que me respondió que caminara en la dirección que me señalaba, según sus indicaciones en ese rumbo encontraría una puerta de cristal y entraría a una habitación parecida a un antro, se me hizo exagerada esa descripción pero no lo tomé tan enserio pues mi apuro era conseguir un lugar donde desalojar la jarra de café que ya me andaba causando estragos.

Enfilé en la dirección indicada, caminé cuál competidor de caminata olímpica pero no tanto por la velocidad, más bien porque si lo han notado como que van apretando todo, como queriendo evitar que algo se les fugue del cuerpo, así tal cual me ocurría, podría haber sido peor, una diarrea por ejemplo, pero afortunadamente el único líquido que deseaba abandonar mi cuerpo era el café de la mañana.

Caminaba, apretaba y observaba, caminaba, apretaba y observaba y de pronto a mi derecha, ya casi me paso por cierto, miré la puerta descrita por mi amigo, entré y lo que ví parecía irreal, frente a mi, máquinas tragamonedas, a mi izquierda una serie de puertas en fila detrás de las cuales seguro se encontraban las tazas del baño, más a la izquierda aún, un escritorio sobre el cual se podían encontrar un extenso surtido de dulces y chicles, destrás del escritorio una señorita de semblante indiferente, casi al estilo de burócrata en ventanilla de licencias o algún otro trámite administrativo que con los años hace que le pierdas el amor a la humanidad, anonadado y créanme que no se me inundó nada, seguí recorriendo con la mirada aquel baño-casino que me pareció tan exótico y que para beneplácito de los usuarios, contaba con aire acondicionado.

Mi inspección ocular me permitió ver la lista de precios por el uso del servicio siendo la miada el primero en la lista y el que me interesó en ese momento, $ 5.00 por el uso del mingitorio, saqué un billete de $ 20.00 pesos y se lo entregué a la señorita, esta lo recibio casi de manera indiferente mientras tan solo hacía unos segundo estregaba a otro parroquiano un cuestionable fragmento de papel de baño.

La chica me miró como preguntando sin preguntar, ¿a qué vino?, entendí la indirecta y casi con voz de Manolín, dejando escapar un gallo, le dije que usaría el mingitorio, palabra que no pronuncie bien, me señaló la esquina de la habitación y detrás de una tímida pared se encontraba el objeto que haría descansar mi alma y mi vejiga.

No les voy a mentir, los primeros 5 segundos no salió nada, mi pánico de baño se apoderó de mí, además me daba pendiente que la señorita me fuera a ver mis cositas, digo, seguro estaba acostumbrada pero no quería desilucionarla, quise pensar que había visto cosas peores pero no estuve tan convencido y me consentré en desaguar el cuerpo.

Era imposible no cuestionarse sobre lo tortuoso que debía ser trabajar encerrado en un baño, sobre todo un baño al parecer mixto, y estar escuchando las peculiares expresiones corporales de totales desconocidos, y déjense de los conciertos, tener que lidiar con el conflicto de ahogar la risa o desbaratarse en alguna carcajada al escuchar alguna nota alta, o alguna exclamación de satisfacción de cuando los espíritus del mal abandanan nuestro cuerpo decadente y te regresa el alma al cuerpo, esa chica seguro cuenta con material suficiente para escribir un libro.

Una vez drenada mi vejiga, me acordé de mi cambio, no supe si dejarlo como propina pero al ver tres monedas de $ 5.00 apiladas sobre la tapa de uno uno de los frascos de dulce le pregunté a la señorita si era mío y dijo que sí, tome.mi cambio y de camino al vehículo de mi amigo me pregunté si en caso de haber tenido alguna dificultad para orinar el servicio de sanirario proporcionaba ayuda personalizada por parte de la "hostess" para solucionar una eventualidad así.

Por si tenían el pendiente, no jugué en las maquinitas traga monedas.