viernes, octubre 20, 2023

SANGRE O TRUCO: CAPITULO FINAL

 

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VI

Escuchaba una voz a lo lejos, aún estaba aturdido, todo estaba tan oscuro que no sabía si me había quedado ciego del golpe, entonces intenté moverme y ni madres, tenía atadas mis muñecas y tobillos, recostado sobre una mesa de acero inoxidable no iba a ir a ningún lado, el olor nauseabundo en el aire y el zumbido de las moscas al revolotear alrededor terminaron de ayudarme a recuperar la conciencia, escuché un chirrido en algún lugar de la penumbra, sabía que se movía porque mis oídos percibían el ruido de un lado y de otro, entonces una luz se encendió, justo sobre mí, supe que estaba en la lavandería porque ya con esa iluminación se alcanzaban a ver secadoras y lavadoras alrededor, apenas mis ojos lograban acostumbrase a la luz cuando un par de destellos rojos llamaron mi atención, primero estaban en una esquina y de pronto ya estaban en el techo, casi me cago cuando vi que se movían en dirección a mí.

Parecía inminente que aquella cosa de destellos rojos avanzara hacia donde yo estaba, pero una voz le ordenó que se detuviera, fue entonces que reconocí a aquel ente que apenas segundos antes caminaba por el techo y ahora estaba en el piso con una sudadera enorme y capucha; era el hijo del encargado.

Seguía haciendo ruiditos extraños, chirridos, avanzaba hacia mi sosteniendo en sus manos una calabaza de plástico con una cara dibujada, era una calabaza de Halloween, y cuando estuvo más cerca por fin pude ver su rostro,  si a eso se le podía llamar rostro, era una especie de insecto gigante, uno cincuenta de altura, ovalado y todo lo demás oculto en esa sudadera enorme, estaba a punto de preguntarle qué era pero una voz en la escalera disolvió algunas dudas, era el encargado que venía bajando mientras recitaba algo:

Cimex lectularius, vulgarmente conocido como chinche o chinche de las camas, insecto hemíptero de la familia Cimicidae. Su alimentación es hematófaga, es decir, se nutre con sangre de humanos y otros animales de sangre caliente. Su nombre vulgar proviene del hábitat frecuentemente usado: colchones, sofás y otro mobiliario.​ Aunque no es estrictamente nocturno su mayor actividad la desarrolla por la noche.

Esta especie de chinche es la que mejor se ha adaptado al entorno humano. Se encuentra en climas templados de todo el mundo y se alimenta de sangre.

Las chinches de las camas están normalmente activas después de la puesta de sol, con un pico en su alimentación alrededor de una hora antes del amanecer. Sin embargo, pueden intentar alimentarse en otras horas si se da la oportunidad. Han sido observadas alimentándose en todas las horas del día. Alcanzan a su víctima desplazándose o incluso algunas veces subiendo por las paredes de habitaciones hasta el techo y dejándose caer sobre alguna persona cuando la detectan por el calor que desprendemos los humanos. Atraídos por el calor y el dióxido de carbono que exhalamos por la respiración, la chinche perfora la piel de su víctima con una especie de dos tubos huecos de su aparato bucal. Con uno de ellos extrae la sangre de su huésped y con el otro inyecta su saliva la cual contiene anticoagulantes y anestésicos.”

Le hice saber al encargado que estaba sorprendido por su conocimiento de la criatura y cínicamente me dijo que lo había leído en Wikipedia, que tampoco sabía nada al respecto, pero tuvo curiosidad de entender con qué estaba tratando cuando descubrió a aquel ser que le pareció maravilloso. No quise interrumpirlo pero, a mí me preocupaban tres cosas que dijo en su exposición: alimentación hematófaga,  activo después de la puesta de sol y perfora la piel de su víctima con una especie de dos tubos huecos de su aparato bucal.

VII

Aquel tipo llegó a un costado de la mesa donde me tenía atado y me contempló orgulloso de su captura, comenzó a caminar alrededor de la mesa mientras me miraba con indiferencia. Cual villano de televisión continuó con su monólogo; dijo saber lo que yo estaba pensando, ¿de dónde venía la criatura? ¿cómo es que había crecido tanto? ¿Por qué estaba con él?

Dijo que el origen le era desconocido, que cuando había entrado a trabajar allí, comenzó encontrando cadáveres de ratas, después perros, los empleados decían ver cosas, todos terminaron renunciando, él se quedó solo en el lugar y cierto día cuando bajó a buscar unas sábanas, extraños ruidos llamaron su atención, la criatura se estaba alimentado de un pastor alemán, si bien ambos tuvieron miedo, el encargado le lanzó un chocolate que traía con él, la criatura lo tomó con sus extremidades, el olor le agradó y lo comió, la interacción creció entre ambos, el encargado era un hombre solo, no volvió a contratar más gente, aquel era su secreto, uno podría pensar que existen mascotas exóticas pero él no lo vio así, aquella cosa le hacía compañía, sabía que el mundo no lo aceptaría, que se lo llevarían y los descuartizarían para estudiarlo, entonces no dijo nada y lo terminó queriendo como a un hijo, le puso ropa, le enseñó cosas para ayudarlo en el motel, pero hubo hábitos que nunca pudo borrarle, porque eran parte de su naturaleza, sin mencionar que dependía de eso hábitos para vivir, y eso era alimentarse de sangre, el problema fue que las cantidades fueron en aumento ya que también la criatura creció con el tiempo. El hambre lo llevó a los perros, los perros ya no fueron suficientes, siguieron los vagabundos y drogadictos, pero la “comida” comenzó a escasear y el motel fue el lugar perfecto para seguir alimentando a su hijo porque un padre siempre quiere lo mejor para su hijo.

Justo eso pensé cuando vi como don Hipólito bajaba sigilosamente las escaleras mientras el encargado se encontraba poniéndole un chocolate en su calabaza al engendro y a su vez le acomodaba su capucha, fue tiempo suficiente como para que don Hipólito lograra liberar mis muñecas, me entrego el cuchillo cebollero que momentos antes había usado para amenazarme pero la criatura se dio cuenta de todo y lanzó un chirrido ensordecedor, saltó para pegarse al techo y con agilidad felina reptó por sobre nuestras cabezas hasta llegar a mi rescatador sobre el cual se precipitó salvajemente comenzando una lucha en el piso mientras yo terminaba de cortar las sogas de mis tobillos, pero el encargado no se quedó con las manos cruzadas intentó someterme pero justo había liberado mis tobillo y de una patada lo golpeé con tal fuerza que al retroceder se golpeó con las lavadoras que estaban a su espalda.

Aproveché para tratar de ubicar mis cosas, mi arma  en especial, Hipólito y la criatura rodaban como perros en el piso, aun con el arma en la mano iba ser difícil dispararle a la chinche gigante, en su lucha ambos tiraban todo lo que estaba alrededor, escuché que se rompían cosas de vidrio, frascos, caían, recipientes de detergentes y otros productos de lavado, mi error fue tardar tanto en saber qué hacer pues por estar mirando la pelea el encargado del motel hizo una jugada que no esperaba, escuché un disparo, por reflejo me tiré al piso, me revisé inmediatamente para ver si había recibido algún daño, no siempre te enteras que estas herido debido a la adrenalina, pude ver a la criatura y a don Hipólito justo del otro lado del cuarto de lavado, ya no peleaban pero ambos seguían tirados en el piso, me acerqué a don Hipólito, estaba gravemente herido, las extremidades de la chinche le habían lastimado profundamente en varios puntos vitales, se desangraba, me tomó por la nuca y me acercó para susurrarme algo cuando un grito desgarrador nos tomó por sorpresa, se trataba del encargado del motel, estaba arrodillado frente a la criatura que aparentemente ya no estaba con vida, la bala que el encargado había disparado rebotó en algún sitio y mató a su hijo; aquel hombre lloraba desconsolado ante su perdida, don Hipólito con las pocas fuerzas que me quedaban me volvió a jalar para que lo escuchara, me pidió que corriera y después me intentó empujar, yo no entendía nada hasta que vi que de su bolsillo sacó un encendedor y un cigarro, levantó un poco su cabeza, le dio una fuerte calada y cuando el tabaco hizo una braza fuerte lo aventó sobre un líquido que estaba sobre el piso para después desvanecerse por completo, las llamas nos rodearon en cuestión de segundos, busqué al encargado pero paredes de fuego me impedían llevarlo conmigo, el hombre seguía llorando su pérdida, yo no pude hacer nada y busqué salir del lugar antes de que el humo me impidiera respirar, tuve que gatear hasta la escalera, salí corriendo en cuanto estuve fuera del sótano hasta la calle, el motel ardía de manera impresionante, la columna de humo subía cubriendo la luna, dicen que las de octubre son las más bonitas, y aquella noche había sido la única testigo de lo que había ocurrido en ese lugar, al final no hubo vampiro, ni asesino que presentar ni justicia que impartir, nuevamente la magia bizarra del Halloween se había manifestado en todo su esplendor y a la vez se había desvanecido como la pesadilla que había sido.

Mi jefe me dio la putiza de mi vida, porque la prensa nos había vapuleado en los titulares, pero le dije al jefe que lo viera por el lado amable, me sentenció al archivo de la oficina por un mes, al cabo que ni me importaba porque allá trabajaba doña Lupita que siempre me invitaba tamales y un café bien cargado, eso no era castigo para mí, y cuando me aventó el periódico y lo caché como pude aun lado de la nota del incendio del motel “Lo Oscurito” se encontraba otra nota que para muchos pasaba desapercibida decía: “Plaga de chinches ataca la Universidad Nacional”, se dibujó una sonrisa torcida en mi rostro, ya había tenido suficiente de chinches en mi vida, doblé el periódico, me lo puse bajo la axila derecha, le hice un saludo militar a mi jefe y me fui a cumplir mi condena con doña Lupita que ese día había llevado chanchamitos de costilla de cerdo, antes de cerrar la puerta detrás de mi le desee un feliz Halloween a mi jefe, escuché que me gritó: ¡esas son gringadas! Mientras aventaba algo que se estrello contra la puerta cuando la cerré.

Cuando salí de la oficina pasé por una tienda y mientras buscaba unas cervezas miré una bolsa de chocolates como el que el encargado del motel le daba a su “hijo”, compré dos bolsas, llegué a casa, me senté en un sillón que estaba en el pórtico de la casa y esperé a los niños que esa noche pasarían a pedir dulces, de niño no me dejaban ir a pedir dulces ni disfrazarme, ¿por qué iba yo a aguarles la fiesta?, los niños suelen decir ¡dulce o truco!, hay cosas peores de chavitos pedinches buscando su dosis de azúcar porque ese Halloween en especial la condicionante, por lo menos en “Lo Oscurito” fue ¡Sangre o truco!  

fin

 

Capítulos anteriores: 

SANGRE O TRUCO: CAPITULO I

SANGRE O TRUCO: CAPITULO II

SANGRE O TRUCO: CAPITULO III

SANGRE O TRUCO: CAPITULO IV

SANGRE O TRUCO: CAPITULO V 

 

 

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jueves, octubre 19, 2023

SANGRE O TRUCO: CAPITULO V

 

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V

Le pregunté al hombre a qué lugar llevaban esas escaleras, me dijo que a la lavandería del motel, en una especie de subterráneo, le pregunté si ya había estado allí y me dijo que sí, que buscando pistas sobre el asesino de su hija él ya había recorrido el lugar entero, le reconocí al señor que tenía los pantalones bien puesto pero también le dije que eso había sido imprudente, no pude evitar decirle un poco en tono de broma que no me fuer a salir con la puntada que allí abajo había un ataúd con un vampiro dentro, el tipo me miró raro por un rato pero finalmente negó con la cabeza, dijo que no me culpaba porque cuando el bajó a la lavandería había un olor penetrante, la oscuridad no le permitió ver nada y algo lo hizo tropezar, sacó un encendedor de su bolsillo y casi se infarta al ver que se trataba de un perro muerto, recuperó la compostura y lo revisó, era un pitbull blanco, pero en el área del cuello tenía un par de orificios y algo de sangre, luego trató de iluminar más el lugar y a lo lejos miró algo que parecían ser un montón de cobertores apilados pero grande fue su sorpresa al descubrir que en realidad se trataba de una pila de cadáveres de perros, un enjambre de moscas, el olor y el miedo lo hicieron correr de nuevo a su habitación.

Todo eso era muy extraño, me pregunté si era posible que el encargado no supiera nada, miles de teorías pasaron por mi mente, ¿estábamos acaso en la sede de alguna especie de culto pagano que hacía sacrificios para algún demonio sediento de sangre?, ¿los políticos eran parte de todo eso? ¿el motel era un nido de vampiros?, ¿las gorditas con queso que me había comido eran de champis alucinógenos? Y así estaba pensando miles de cosas más cuando el señor me hizo una observación en la que no había reparado hasta entonces, me preguntó si no había notado que, para ser un motel de buen tamaño, solo una persona atendía el lugar, lo miré un momento y le dije que se equivocaba, que yo había visto dos personas, el encargado y su hijo, el tipo me dijo que no había visto ningún niño, le aclaré que dudaba que fuese un niño, aunque se lo describí dijo no haber visto a nadie así.

Nos chingamos otro cigarro, hasta entonces ni siquiera nos sabíamos nuestros nombres, le dije que era el teniente Daniel Sánchez, él me dijo que se llamaba Hipólito García, seguimos fumando, don Hipólito me pregunto si yo creía que el encargado estaba involucrado, le dije que era posible pero que no tenía cara de vampiro, el señor hizo gesto de desaprobación, me dijo que no era cosa de juego, yo le dije que no estaba jugando, que no encontraba otra explicación, diciéndole eso estaba cuando vi que un insecto diminuto color marrón  caminaba por su hombro, le señalé el bicho y don Hipólito lo tomó con su dedos y lo quemó con su cigarro, me dijo que era una chinche, que seguramente el motel estaba lleno de esas madres, ya ni que decir de ácaros y cucarachas.

Decidí entrar en acción, le pedí a don Hipólito que se retirara del lugar por si se ponía feo el asunto, se negó y me cuestionó sobre el pedido de refuerzos, le dije que si yo llamaba diciendo que necesitaba ayuda primero requería evidencia para alborotar el avispero, de lo contrario sería el hazme reír de toda la corporación, le mostré mi arma como asegurándole que iba a estar bien, con tono sarcástico me preguntó si tenía balas de plata, lo miré fijamente y no pude evitar decirle que ahora si me había chingado.

A regañadientes don Hipólito aceptó irse, me dirigí a las escaleras y comencé a bajar lentamente, tal como había dicho don Hipólito llegaba un olor de la puta madre, no se veía ni madres, los ojos tardaban en acostumbrase a la penumbra, si encendía la luz de mi celular posiblemente me delataría, me entró la valemadres y lo saqué pero, justo antes de encenderlo algo me golpeó con mucha fuerza y rodé por las escaleras perdiendo el conocimiento.  

Continuará...つづく

 

Capítulos anteriores: 

SANGRE O TRUCO: CAPITULO I

SANGRE O TRUCO: CAPITULO II

SANGRE O TRUCO: CAPITULO III

SANGRE O TRUCO: CAPITULO IV

SANGRE O TRUCO: CAPITULO FINAL 

  

 

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miércoles, octubre 18, 2023

SANGRE O TRUCO: CAPITULO IV

 

IMAGEN DE INTERNET

IV

Yo sabía que al tener una profesión tan peligrosa iba a vivir al filo de la navaja pero en ese momento se me hizo ridículo, mi atacante me tenía rodeado con su brazo derecho en cuya mano sostenía un cuchillo mientras con su mano izquierda comenzó a registrar mi bolsillo, entonces aproveché la oportunidad para sujetar su muñeca derecha con mis dos manos para inmovilizar el cuchillo, me empujé hacia atrás para golpearlo contra la pared que se encontraba a nuestras espaldas, el impacto hizo latiguear su cuello haciendo que su cabeza se golpeara contra la pared, eso lo aturdió, aflojó su agarre, con mi mano izquierda golpee sus genitales, el dolor lo hizo “ablandarse” más, con ambas manos extendí su brazo para posteriormente flexionar mis rodillas levantar mi cadera y así sacarlo de balance, luego lo proyecté hacia un lado, se escuchó un golpe seco, como toda persona que es proyectada por primera vez su mirada quedó fija mirando al techo tal vez tratando de comprender lo que le había sucedido, aprovechando el desconcierto le quité el cuchillo y le apunté con mi arma.

Una vez que mi atacante estuvo fuera de combate en el piso pude verlo mejor, se trataba de un hombre como de cincuenta años, algo calvo, se cubría el rostro con ambos brazos, el arma en mi mano lo tenía aterrado, decidí que no era una verdadera amenaza para mí, guardé mi arma y le di la mano para ayudarlo a levantarse, temeroso extendió su mano, dudó un momento pero aceptó la ayuda.

Le pregunté sobre sus motivos para atacarme, se quedó callado mirando al piso, le dije que yo era policía e inmediatamente me miró sorprendido, le dije que a como estaban las cosas él se me antojaba como para llevármelo como sospechoso de asesinato de la chica ultimada en ese motel, el hombre comenzó a llorar, pensé que estaba alcoholizado o drogado hasta que me dijo que la chica que habían asesinado era su hija, que él pensaba que yo era uno de los guardaespaldas del politiquillo ese que acostumbraba a visitar a su hija, tan pronto se enteró del asesinato la noche anterior se hospedó en el motel en busca de venganza pues el mejor cliente de su ahora extinta hija siempre usaba la misma habitación según le contaba ella, pero se encontró conmigo, le dije que para eso estaba la policía, pero negó con la cabeza y dijo que no íbamos a hacer nada, que sabía que la profesión de su hija no ayudaba y mucho menos las influencias del político que la frecuentaba, le dije que precisamente aquel hombre era el más interesado en que se aclarara todo, no supe decirle si por conveniencia o por otra cosa pero que se estaba trabajando en el caso.

El hombre retrocedió hasta topar pared y se sentó en el piso alfombrado, yo me senté a su lado y le ofrecí un cigarro, lo tomó con la mano temblorosa, me disculpé por los golpes pero cuando te amagan con un cuchillo no es precisamente un momento muy cómodo, me dijo que lo entendía y que no había cuidado, aproveché a interrogarlo, le pregunté sobre si ella había peleado con su benefactor, si sabía de algún enemigo o enemiga, alguna deuda por drogas, algún culto al que perteneciera; eso último llamó su atención, le pregunté si sabía cómo había muerto su hija, respondió que no, que cuando le llamaron para reconocer el cuerpo el no vio nada raro ni le dieron tantas explicaciones pues se suponía aún estaban investigando la causa. Dudé un instante en decirle, pero en ese momento era lo menos que podía hacer por aquel hombre, le expliqué que a su hija le habían drenado toda la sangre por medio de un par de orificios que tenía en el cuello, le mostré la imagen que traía en mi celular sacada de las fotos del forense, el hombre inmediatamente me dijo que ya había visto esas marcas antes, invadido por la adrenalina le pregunté ¿dónde? ¿cuándo?, sin darme cuenta yo estaba sujetando al tipo de su camisa mientras visiblemente asustado señalaba unas escaleras al final del pasillo.  

 

Continuará...つづく

 

Capítulos anteriores: 

SANGRE O TRUCO: CAPITULO I

SANGRE O TRUCO: CAPITULO II

SANGRE O TRUCO: CAPITULO III

SANGRE O TRUCO: CAPITULO V

 

 

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