domingo, octubre 05, 2025

PAZ MUNDIAL

Imagen creada con Meta AI de WhatsApp.

Para algunas personas, el día de su cumpleaños es una ocasión especial, la más importante del año. Esperan la fecha con gran ilusión, siempre pensando que algo maravilloso ocurrirá en ese día. No todos tienen la fortuna o los medios de celebrar como ellos quisieran, pero siempre hay alguien que te hace sentir especial enviándote un mensaje o haciéndote una llamada.

Pancho no la había tenido fácil los últimos diez años. Vivía solo y, a sus casi cincuenta años, pocas cosas ambicionaba y pocas cosas le hacían ilusión. Ya no esperaba nada de la vida. Creía que todo lo malo que le acontecía no era más que el resultado de sus malas decisiones. Su madre alguna vez se lo dijo. Ese día, Pancho se sintió muy herido, pues al contarle a su madre todos sus problemas, ella le había reprochado que todo era consecuencia de sus malas decisiones y que ahora debía vivir con ellas.

Fue entonces que Pancho decidió dejar de resistirse. Ya no luchaba contra lo que le ocurría; simplemente se dejaba llevar por lo que pasara, sin siquiera meter las manos. Total, le habían enseñado que debía recibir su merecido, sin importar lo injusto que aquello fuera para él.

Desde que esa racha lo había atrapado, ya no parecía ambicionar nada. No hacía por cambiar su auto; no es que tuviese el capital para ello. No gustaba de salir a divertirse. Sus sueños parecían haberse esfumado y no sabía si, a manera de chiste de humor negro o con cierto sarcasmo, cuando le preguntaban qué quería o qué ambicionaba, él solo se limitaba a decir:

—La paz mundial.

Aquella afirmación no le causaba gracia a todos. Muchos reían y lo volvían a cuestionar, pidiéndole que fuera serio con su respuesta, ya que algunos querían hacerle un presente, pero Pancho volvía a responder lo mismo.

Cierto día, cuando conversaban en la oficina sobre extraterrestres, películas y series, alguien le preguntó a Pancho qué le pediría a los extraterrestres si estos lo abdujeran y le cumplieran un deseo. Fiel a su costumbre, Pancho respondió que les pediría la paz mundial. Aquello provocó la risa de todos y regresaron a sus ocupaciones.

Uno de esos días pesados para Pancho, tuvo que trabajar horas extras en la oficina y salió muy tarde. Él vivía a las afueras de la ciudad, así que debía tomar carretera para llegar hasta su casa. En su recorrido iba admirando las estrellas. El cielo estaba despejado y la luna de octubre se apreciaba con un color rojizo interesante. Para él, ese era un momento de calma de camino a su casa, cuando sintió que la dirección del auto comenzó a comportarse de manera extraña.

Tuvo que orillarse y bajar del auto para saber qué estaba pasando. Una vez que detuvo el auto, revisó los neumáticos y descubrió que estaban sin aire. Alumbró con su celular y vio un objeto metálico incrustado en una de las llantas. Lo extrajo y, al analizarlo a la luz del celular, supo que se trataba de un ponchallantas. Quizá había quedado tirado de alguna ocasión pasada en que delincuentes lo arrojaron para afectar a otros automovilistas. La cereza del pastel de aquel día.

Para rematar, no contaba con llanta de repuesto y esa misma semana le habían abierto el carro por millonésima vez y le habían robado su gato hidráulico y su llave de cruz. Menuda cosa, como dicen los españoles.

No quedaba de otra. Pancho tendría que llamar al seguro. Subió a su coche, marcó al seguro y le pidieron su ubicación y un poco de paciencia, ya que esa misma noche las grúas tenían mucha demanda. Le dieron un tiempo de espera de una hora. No le quedaba de otra.

Y cuando parecía que no podía empeorar, un trueno terrible cimbró hasta la misma tierra. Un aire intenso comenzó a cubrir el cielo de nubes y la tormenta comenzó a gestarse.
Así nada más, Pancho bajó del coche, pues había visto unos destellos muy curiosos entre las nubes y quería ver si podía capturarlos con su celular. Entonces, cuando intentaba enfocar una parte del cielo, lo pudo ver. Su silueta se delataba entre las nubes por los relámpagos.

Un platillo volador.

Era eso o estaba alucinando, se dijo a sí mismo. Tenía que grabarlo. Maussan iba a estar orgulloso de él.
Activó su teléfono en modo video y comenzó a grabar aquel objeto volador no identificado de tamaño descomunal. Pancho no daba crédito a lo que veía. Él podía verlo, pero se preguntó si ellos podían verlo a él.
La respuesta a esa pregunta llegó demasiado pronto.
Una especie de reflector lo cegó con una luz muy intensa. Todo conocedor del fenómeno OVNI sabía lo que eso significaba, y sus sospechas se confirmaron una vez que dejó de sentir que sus pies hacían contacto con el suelo.

Pancho perdió el conocimiento por un momento y, cuando despertó, ya no estaba en la carretera, en medio de la tormenta. Se encontraba en una especie de habitación con una especie de luz negra que, si bien no estaba totalmente oscura, tampoco permitía ver todo con claridad.

No sentía miedo, más bien curiosidad. Se preguntaba si conocería a los seres de otros planetas y justo se preguntaba todo eso cuando una voz en su cabeza le dio la bienvenida y lo llamó por su nombre.

Esa voz le explicó, sin rodeos ni más explicaciones, que le cumplirían lo que los humanos llamábamos un deseo. Cualquiera que quisiera. No había límites.

Pancho se pellizcó para comprobar que aquello no era un sueño. Él quería preguntarles tantas cosas, pero la voz se limitaba a responderle con la misma pregunta:

—Pancho, ¿cuál es tu deseo?

Entonces, sin hablar, solo con su pensamiento, como una especie de reflejo, los visitantes supieron la respuesta a esa pregunta.

Le mostraron a Pancho la imagen del planeta Tierra. Primero, después, la imagen se dividió en diferentes cuadros que mostraban imágenes de distintos lugares en los que se desarrollaban conflictos bélicos, lugares donde la gente moría de hambre. Acto seguido, una luz cegadora inundó primero esos lugares y después la Tierra entera.
Entonces, cuando Pancho pudo recuperarse de aquel resplandor, volvió a su lugar, a un costado del carro. Pero ahora todo a su alrededor estaba convertido en cenizas y polvo.

Una voz le dijo que su deseo había sido cumplido.

No quedaba nadie más en la Tierra, más que él.

Desde ahora, se podía afirmar que habría paz mundial.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Diabliiiiiisimo la paz mundial, jajajaja
a.k.a D3MON
Feliz cumpleaños amigo!!!

Mauricio Llergo dijo...

Muy buen relato Lalo, cuidado con lo que deseas

Anónimo dijo...

Súper feliz cumpleaños amigo. Hay que celebrar 🙌

Anónimo dijo...

Juan Manuel Torres

Anónimo dijo...

Interesante el relato estimado amigo, me recordaste a las participantes en los concursos de belleza "Paz Mundial", no hay nada alejado de lo que narras, pero la verdadera la paz la encontraremos en nuestro interior, recibe un fuerte abrazo ¡Feliz Cumpleaños!

Anónimo dijo...

Bonito relato amigo, y padre sería que tú mayor deseo fuera hecho realidad, pero la mejor paz, es la que uno mismo conteuye en su interior. Saludos y feliz cumpleaños hermano.