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jueves, julio 30, 2020

CUENTO: LA ESTRATEGIA DEL MILLÓN CONTRA EL COVID-19.



"La mente es como un paracaídas: 

sólo funciona si se abre." 

-Albert Einstein.

 


  En algún lugar del trópico, de cuyo nombre no quiero acordarme, las muertes por COVID-19 no cesaban y los contagios seguían en aumento, el gobierno ya había gastado millones de pesos en estrategias publicitarias, reconversiones hospitalarias y compras de burbujas itinerantes para afrontar la situación; sumando más de mil defunciones y promediando 200 contagios al día ya no se sabía qué más hacer.

   La ironía del asunto era que los ciudadanos no ponían un poco de su parte, de haberlo hecho los contagios seguramente hubiesen bajado considerablemente dándole un respiro a todo el sector salud.

   Justo cuando se pensaba que todo estaba perdido, un funcionario que administraba las redes sociales del gobernador encontró un comentario que llamó su atención en el twitter:

    -Les disminuyo el problema del contagio y hago que la gente se quede en casa.

   El funcionario pensó que estaba enloqueciendo al pensar que algún bueno para nada en las redes tuviese la solución a los problemas del contagio, pero también consideró que no tenía nada que perder, así que contactó al sujeto que hacía aquel ofrecimiento en las redes y se prometió ser muy asertivo ante la supuesta solución.

   Quedaron de verse en uno de los pocos lugares que lograron abrir durante la nueva normalidad, un café modesto que ofertaba sus productos orgánicos.

   El funcionario llegó primero y pidió un café expreso de cosecha veracruzana, para ser más específico, de la región de Coatepec, se notaba que trabajaba en el gobierno del estado porque hasta pareciera que el uniforme oficial en el sureste es la guayabera blanca manga larga, lentes de pasta, cabello peinado hacia atrás con harto gel´s y smartphone de última generación para twittear mejor los programas del gobierno.

   Estaba dándole un sorbo a su café cuando la campanilla de la puerta del establecimiento dio fe de la llegada de un sujeto de short con bolsas a los lados, piernas velludas, zapato de campismo con calcetines tan cortos que parecían inexistentes, lentes oscuros, arete en lóbulo izquierdo, playera de Dragón Ball y un nido enmarañado por cabello, sin ser rastas necesariamente.

   El funcionario pensó: -Tiene que ser una broma-, al verlo no sabía si se trataba de un indigente o del sujeto que le había ofrecido la solución a todos sus problemas, así que decidió preguntarle.

   -Joven, ¿usted es quien dice tener la solución a los contagios?

   -Así es mi estimado.

   -Bien. ¿Es usted médico?

   -Nop.

   - ¿Químico?

   -Nop.

   - ¿Biólogo?

   -Nop.

   - ¿Científico?, ¿Chamán?, ¿Brujo?

   -Bueno, creo que soy todo eso y más.

   -Entonces, ¿Cuál es su profesión?

   -Soy comunicólogo, bueno casi, porque no me he titulado.

   El funcionario no lo podía creer, estaba perdiendo su tiempo, buscó su billetera, tomó un billete de $200, lo tiró en la mesa, se puso de pie y, visiblemente molesto enfiló hacia la salida, justo cuando la campanilla avisó que estaban abriendo la puerta, se escuchó al comunicólogo, que aún no se titulaba pero que técnicamente ya era comunicólogo, gritarle al funcionario.

   - ¿No vas a escuchar mi propuesta?

 

   En la puerta el funcionario deteniendo la puerta,

   -Amigo creo que he venido a perder el tiempo, no creo que tengas nada que pueda interesarme.

   El comunicólogo muy confiado desde la mesa, mientras doblaba el billete y se lo guardaba en una de las bolsas laterales de su pantalón corto le respondió.

   -Solo te voy a decir una cosa, si estoy en lo correcto, puedes ir pensando en el mejor puesto que se te ocurra porque después de que esto funcione tu carrera política va a cambiar para siempre.

   El funcionario que, claramente ya había soñado con un mejor puesto en el gobierno lo pensó por un momento mientras estaba allí parado en la puerta mirando en dirección a su auto intentando no salir huyendo de lo que parecía una oportunidad para un futuro mejor, respiró profundamente y regresó a la mesa, con el comunicólogo que aún no se había titulado, tomó asiento y le dijo.

   -Bien, tienes toda mi atención.

   Una semana después en el bajo mundo de funcionarios de gobierno se rumoraba de una loca estrategia que los altos mandos del gobierno del estado implementarían para hacer que la gente se quedara en casa y que se daría conocer en la televisora del estado una tarde de lunes a las 05:10 pm.

   Y llegó el día, en cadena estatal de radio y tv así como en las cuentas oficiales se anunciaba la implementación de la estrategia que llevaría por nombre “La estrategia del millón”, para ello se ideó usar los medios de comunicación oficiales del estado para invitar a las ciudadanos ser parte de un juego llamado “UN MILLÓN CONTRA EL COVID”; para poder participar la gente debía estar pendiente de los diferentes medios de comunicación del gobierno del estado en donde se estarían dando pistas para formar cifras numéricas y, una vez que se dieran todas las pistas se les llamaría al azar a los participantes para preguntarles la cifra y así ganarse un millón de pesos.

   La estrategia parecía ridícula, pero obligaba a todos a quedarse en casa mirando el canal del estado ya que solo allí se darían las claves. Se desató una polémica por considerar aquello como una estrategia populista, pero el gasto que se haría era muy inferior a lo que ya se estaba gastando en salarios, insumos médicos y reconversiones hospitalarias, pusieron a prueba una semana el programa y las cifras de contagios disminuyeron dramáticamente.

   No hace falta decir que el funcionario que antes atendía redes se convirtió en diputado y llegó a ser atacado por pagar sueldos onerosos a un asesor estrafalario, un comunicólogo greñudo que según chismes de los medios, ni si quiera se había titulado.

 

  

  

 

  

  

  

 

  

  

  

  

  

  

  

  

  

  

  

  

  

  

  

 

  

  

  

  

  

  

  

  

  

  


viernes, noviembre 03, 2017

EL CEL: I

"Villahermosa, la segunda ciudad más insegura del país, 
donde el 93.4 % de los habitantes mayores de 18 años 
afirman sentirse inseguros"

-Encuesta de Seguridad Pública Urbana (ENSU) 1er., trimestre de 2017










I

El día realmente estaba caluroso, pero cómo no iba a ser así, si vivía en el “infierno verde”; en el país existían muchos tipos de calor, pero como el de Tabasco dudaba que hubiera dos, otros podrían parecerse pero no le llegaban, este clima te hacía pensar ¡pinche calor está de su putísima madre!, y sin embargo ni desahogándote de esa manera conseguías exorcizarlo de tu cuerpo, se creía que el mismísimo diablo había decidido abandonar el estado y mudarse a un lugar de tierra caliente, pero no con el jodido nivel de humedad que se sentía en este trópico que en compensación de tan altas temperaturas pareciera que dios había brindado esa gran cantidad de agua de la que gozaban, a no ser claro que, toda esa agua, era en realidad se tratara de la posición geográfica que ocupaba en el país y que por ser llano recibía los escurrimientos de la sierra en sus caudalosos ríos.

Angélica había entrado al turno de la tarde sin mucho ánimo, sabía que debía “pedalearle” duro para sacar una buena lana, manejaba un taxi de los blancos, de esos que llevan radio, por eso eran conocidos como radio-taxis, eran de las pocas uniones de taxis que usaban ese medio para estar en contacto, cuando Uber llegó al estado hubo cierta resistencia, pero los malos elementos, los malos choferes pues, habían hecho que la gente se sintiera atraída por ese nuevo servicio, porque antes de Uber, y de los taxis del aeropuerto, los radio-taxis eran los reyes del servicio V.I.P., pero a todo santo le llega su hora, los tiempos estaban cambiando; tanto así que ahora había más mujeres frente al volante y a ella le enorgullecía ser parte de ese selecto grupo.

Lo malo de trabajar el taxi en las tardes es que si no te va bien ya andabas arañando los límites de la noche con la madrugada, es como trabajar dos días seguidos, pero no hay de otra porque tienes que sacar lo de la tarifa y la ganancia, el dinero de más nunca cae mal, el detalle está en que la ola de crimen había crecido mucho en la ciudad, hacía apenas unos años Tabasco no figuraba en las estadísticas y ahora hasta el primer lugar ocupaba el en ranking, por más que la fiscalía local maquillaba y se hacía pendeja con las cifras, no se podía esconder lo que saltaba a simple vista, no solo la inseguridad había crecido, también la saña con la que se cometían los delitos porque ahora hasta bien descuartizados dejaban a los muertitos, posiblemente creyendo que de esa manera no volverían a la vida, uno nunca sabe por aquello de los “muertos caminantes” que también estaban de moda, otra vez.

Angélica no se sentía insegura del todo, “la niña blanca” la protegía, la traía colgada en el cuello y tatuada en la pierna, a ella se encomendaba antes de ir a trabajar, como muchas de las madres solteras de este país, tenía que sacar a su hijo adelante ya que su esposo había muerto de manera repentina hacía ya algunos años, él salió a buscar un mejor empleo a uno de esos destinos turísticos del sur del país pero solo encontró la muerte, cuando le avisaron su esposa Angélica, no lo podía creer, no tuvo tiempo de sentir lástima por ella misma y buscó la manera de llevar dinero a casa y en el taxi encontró la solución.

La mejor forma de pasar el tiempo en el taxi era escuchando canciones en la radio, cuando ya le aburrían las mismas rolas de su memoria USB y del celular, sintonizaba la radio, a veces ya no por escuchar la música sino a los locutores, algunos le caían bien y algunos otros eran un verdadero fastidio, estaban los que se creían grandes periodistas, y en palabras de Angélica, hablaban peor que ella, se preguntaba cómo habían llegado hasta ahí pero tampoco le quitaba el sueño, ese día en especial mientras atendía un servicio hasta la Plaza Altabrisa el noticiero de la tarde daba cuenta del hallazgo del cuerpo de una joven mujer, al parecer asesinada, cerca de uno de los ríos de la localidad, en la parte trasera del taxi se alcanzaba a escuchar el comentario de una anciana mujer que no escondía su desprecio por aquel crimen pero que al mismo tiempo ponía en tela de juicio la integridad de la joven.

-Seguramente andaba en malos pasos esa niña.

Ante aquel comentario prejuicioso Angélica solo alcanzó a mirar a la anciana por el retrovisor y decidió no decirle lo que realmente pensaba de ella y su comentario, porque seguramente la reportaría, pero no por ello iba a dejar de pensar que “Doña pelos” era una “viejita mamona” y que le cobraría un poco más de la tarifa habitual para que se educara, la tarde ya era demasiado pesada como para aguantar a gente como esa.

Después de haber dejado a “Doña pelos” Angélica estuvo haciendo unos cinco servicios más, aún así el turno había estado flojo para ella, pasaba de la media noche, entonces su celular sonó, miro el identificador y vio que se trataba de un amigo que no había trabajado ese día pero que necesita le hiciera un favor yendo por un cliente suyo a uno de los tantos congales del periférico.

-¡No mames Paco! por qué no le dijiste al tipo ese que hoy no trabajas- le decía molesta Angélica a su amigo.

-No seas así mami, hazme el paro, es buen cliente, además trabaja en la procu, nos conviene por si alguna vez tenemos pedos.

Angélica pensaba que no estaba de mal ganarse unos pesos más y de paso ganar un amigo en la procuraduría.

-¡Órale!, va cabrón, pero me la vas a deber puto.

Ya eran las dos de la madrugada y Angélica conducía por los carriles laterales del periférico buscando a su cliente cuando a lo lejos divisó a un tipo moreno, regordete y con corte militar que con mucho trabajo se mantenía de pie, Paco le había dicho que su nombre era Alberto, no le gustaba la situación.

-Pinche Paco me manda a buscar a este pinche “Beto” que se ve que está hasta el gajo, pero ni pedo ya estoy aquí.

La taxista se orilló a un lado del tipo, bajó el cristal y le dijo:

-Vengo de parte de Paco, yo le voy a dar el servicio.

El tipo la miró un momento como tratando de confirmar que no se trataba de una visión y que realmente una mujer le estaba diciendo que lo llevaría a su casa, no tuvo ganas de contestarle nada y se subió a la parte trasera del coche. Arrastrando las palabras le pidió a Angélica que lo llevara a Pomoca, al escuchar eso la taxista le mentó la madre a Paco mentalmente que seguramente en esos momentos estaba agarrando el pedo con otros taxistas que tampoco habían trabajado esa noche.

Angélica acomodó su espejo retrovisor, miró al Beto que se cabeceaba como pollo desnucado y se encomendó a la “niña blanca” para que la protegiera en esa aventura no sin antes pensar –ojalá y este jijuela verga no me vomite el taxi- y condujo con dirección a Pomoca que se encontraba muy a las afueras de la ciudad y que técnicamente ya era otro municipio.

En la radio sonaban Los Ya Merito con su canción “Mercenarias de Afrodita” la cual al ser escuchada por el Beto, que venía babeándose y roncando como mandril, le pidió a Angélica que le subiera al volumen porque le gustaba, el coro decía “…mercenarias de afrodita, señoras y señoritas, siempre ofrecen un ¡te quiero! a cambio de tu dinero”, el Beto lo balbuceaba porque el alcohol no le permitía tener dominio sobre su lengua narcotizada  por el alcohol, la cara le brillaba un poquito, Angélica sonrió un poco al pensar que seguramente ese brillo era el polvo de alguna de esas haditas que trabajaban en el tubo del congal donde hacía apenas unos minutos había levantado al mono ese que traía a bordo.

Angélica miró por el retrovisor y comenzó a hablarle al Beto para que le indicara la calle y el número de casa, increíblemente el tipo pudo reaccionar y le indicó el camino, aquel lugar era un laberinto, las calles eran un desmadre y solo estando loca caminaría a esas horas por allí, pensaba la taxista, que una vez que ubicó la casa le dijo al Beto que iban a ser $ 200 por el servicio, el tipo sacó su billetera y tardó un momento buscando un inexistente billete de a $ 200 lo que hizo enojar a Angélica que inmediatamente se bajó del carro para ir a sacar por los pelos al Beto de su taxi.

Mientras caminaba hacia la puerta derecha trasera, donde venía el Beto, la taxista empezó a echar madres.

-Mira pinche cabrón, hijo de tu pinche madre, me vale que seas amigo de Paco, a ver cómo puta madre me pagas, pero a mí no ve vas a ver la cara de pendeja.

El tipo estaba borracho, pero no pendejo, y en cuanto vio fúrica a la taxista hasta lo borracho se le bajó, así que le puso seguro a la puerta mientras con sus manos le hacía señas para que se calmara.

-Morena cálmate, permíteme explicarte, me robaron esas viejas.

-Me vale madres, a mi me pagas o te voy a partir tu madre, no creas que porque soy mujer no te voy a meter tus buenos putazos.

Algunas cortinas de ventanas de los vecinos se abrían tímidamente para observar qué era lo que estaba pasando en la calle, porque no es por crearle mala fama a los “chocos” pero somos un poquito chismosos.

Beto al ver que la mujer no se calmaba sacó un celular, un Iphon, fácil de identificar por la manzanita, el color era de un tímido rosa y se veía casi nuevo, se lo mostró a la taxista, bajó un poco el cristal y le propuso un trato.

-Amiga, espera, hazme el paro, te dejo este celular por el servicio, échame la mano, esta cosa cuesta como diez mil pesos.

Angélica lo observó incrédula y arremetió contra el tipo.

-¿Y cómo se que esa puta madre sirve?, a ver enciéndelo.

El tipo le mostró cómo brillaba la pantalla y hasta se lo desbloqueo para que viera que funcionaba, se lo pasó por la ventana a la mujer que rápidamente marcó el número de su cel y sintió cómo vibraba su nalga derecha,  viendo que todo estaba en orden se regresó a su lugar en el volante momento que aprovechó el Beto para bajarse antes que la taxista se arrepintiera y le dio las gracias por haberle aceptado el trato a lo que Angélica le contestó con una mentada de madre mientras aceleraba a fondo el taxi en señal de desprecio.

Beto vio cómo se perdía a lo lejos aquella mujer que por poco y lo bajaba a putazos, después de pensarlo un rato hasta le había gustado la morena esa, se metió a su casa a como pudo mientras cantaba “…mercenarias de afrodita, señoras y señoritas, siempre ofrecen un te quiero a cambio de tu dinero”

Al día siguiente el Beto se fue a trabajar crudísimo, sentía la cabeza de la chingada, traía puestos sus lentes de sol y aunque se había bañado y perfumado generosamente, el alcohol lo transpiraba, de todos modos ya lo conocían en la oficina, de camino al trabajo había comprado un consomé de borrego que llegó directamente a chingarse en su escritorio, estaba exprimiéndole un limón justo cuando se le acercó uno de los ministeriales a saludarlo.

-Ese mi Beto te la estás curando, ¿verdad cabrón?

-Ya ni me digas nada que anoche me fue de la puta madre.

-¿Por qué?, ¿No fuiste a puerquear?

-Pues por eso te digo, todavía que la pague el privado a la puta esa me empedé y me robó, ni para el puto taxi me dejó.

-Pues ni pex, pero con la venta del cel que te di te puedes recuperar ¿no?

Beto se le quedo viendo con cara de preocupación al ministerial quien al ver su reacción dedujo que algo había pasado con ese teléfono.

El ministerial se acercó hasta quedar cara a cara con Beto y entre dientes le dijo.

 –Si serás pendejo, cómo fuiste a perder ese puto teléfono, me jugué el pellejo sacándolo de “evidencias” y tú lo pierdes a lo pendejo, íbamos a sacarle una lana imbécil.

Beto al verse amedrentado sacó valor de la cruda que lo estaba matando y le contestó al ministerial.

 –A mi no me estés hablando así, pendejito de mierda, además no lo perdí, se lo tuve que dar a la taxista que me llevó a mi casa, te dije que no traía dinero y esa vieja casi me mata a putazos si no le pagaba, así que te calmas porque lo puedo recuperar.

El ministerial se alejó de Beto y ya más sereno decidió escuchar lo que el tipo tenía qué decirle.

-¿Y cómo lo vas a recuperar?

-Voy a buscar a la tipa esa, un amigo tiene su número, le voy a pagar lo que debí haberle dado por el viaje y listo asunto arreglado.

-Pues más te vale cabrón porque mínimo unos dos mil varos me tienes que dar por ese cel, quién te manda a ser tan pendejo.

-Ese es mi pedo, te voy a dar tu dinero, pero no me estés chingando ya, y bótate a la chingada.

Beto se acomodó en su escritorio para por fin chingarse el consomé mientras pensaba que todo el mundo lo quería agarrar de su pendejo, al llevarse el primer sorbo de consomé a la boca se quemó la lengua haciendo que soltara la cuchara abruptamente provocando la risa de los demás oficinistas mientras al fondo se escuchó una voz que le decía.

 -¡Como eres pendejo Beto!

miércoles, junio 14, 2017

XIMENA Y LARISSA CONTRA EL MONSTRUO DE PELOS

Dedico este cuento a mis hijas hermosas
 a quienes amo y fueron de gran inspiración para contar esta historia,
 XV/LV por siempre.










Ximena y Larissa contra el monstruo de pelos.
Autor: Eduardo Vargas Carrillo
10/06/2017


Había una vez un par de hermanas llamadas Ximena y Larissa que vivían con sus abuelitos y su mamá en una casa de la ciudad, las hermanas disfrutaban mucho de ir a sus clases de jazz con su maestra Bibi y además les gustaba mucho su escuela aunque levantarse temprano no era precisamente una práctica que fuera muy divertida, en lugar de eso preferían cantar, bailar y ver la tele, ya ni qué decir de jugar con el teléfono de mamá o con la tableta del abuelo al que sin decirle nada le descargaban juegos sin que él se diera cuenta, las hermanas eran algo traviesas.

Ximena era la mayor, con 6 años,  y la líder de la dupla Vargas-Barragán, le gustaba ser siempre quien dirigía los juegos, elegir las cosas que le gustaban y sobre todo servir de mediadora en cualquier conflicto, en una ocasión había evitado una guerra entre los grupos de segundo y tercer año de primaria debido a la disputa de unos dulces durante una fiesta, logró que los niños llegaran a un acuerdo sin que se tirara ni un solo golpe, aunque los golpes no le eran extraños había asistido a una clase de Lima Lama y había aprendido mucho, Larissa de 4 años, solía ser muy reservada, pero como decían su mamá y su papá: “traía la música por dentro”, era bien conocida por fingir indefensión ante quienes más la consentían, pero cuando se molestaba mucho podía hacer dos cosas: llorar o golpear a quien la hubiera provocado, se puede decir que era la ruda de la dupla Vargas-Barragán.

La gente les decía que aunque eran hermanas, en apariencia eran muy distintas, para comenzar Ximena aparentaba más edad, cosa que su papá también padeció de niño, al ser una niña grande le decían que se trataba de una niñona, sus ojos verdes cautivaban a la gente pero era difícil no haberlos heredado si su tatarabuela, su bisabuelo materno, su abuela materna, su abuelo paterno y su papá tenían ese color de ojos sin mencionar que todos eran de piel más clara, por otro lado Larissa traía la herencia de abuelita “Mango”, que en realidad se llamaba Magnolia pero como le constaba trabajo pronunciarlo mejor había quedado en decirle “Mango” en vez de Magno; la abuela Mango traía sangre más africana, Morena de cabello chino y ojos cafés claros, de ese mismo color eran los ojos de la mamá de Larissa y Ximena, por lo que Larissa tenía un color más moreno de piel y ojos cafés como su mami y su abuela.

Una mañana de fin de semana la señora de la limpieza barría la casa de Ximena y Larissa y a las hermanas les había llamado mucho la atención una gran bola de pelos revuelta con pelusas y otras basuritas, de primero pensaron que se trataba de una araña peluda, pero después de observarla bien llegaron a la conclusión de que no era así, con un poco de temor Ximena tomó con sus dedos índice y pulgar aquella esponjosa bola de pelos, que al no estar totalmente comprimida, estaba del tamaño del estropajo con el que se bañaban, en ese momento salió su mamá y les dijo que no jugaran con eso porque era basura, le quitó a Ximena aquel falso estropajo de pelo, lo puso entre sus palmas, la frotó como en círculos hasta convertirla en una pelotita diminuta de cabello.

-Seguramente es el pelo que le quité al cepillo esta mañana-, dijo la mamá de las hermanas Vargas-Barragan mientras se deshacía de lo que ahora no era más que una canica de pelo, muy chiquita.

Las hermanitas Vargas-Barragan gustaban de ver películas en línea, ese día miraban una versión infantil de la ya conocida historia de Frankenstein en donde gracias a la electricidad el monstruo volvía  a la vida, después salía al pueblo pero la gente le temía por su apariencia y lo perseguían con antorchas encendidas a las que les temía Frankenstein, odiaba el fuego, justo en ese momento la madre de las niñas pasaba por la habitación y no le pareció correcto que vieran ese tipo de película pues pensaba les podía ocasionar pesadillas a las pequeñas por lo que detuvo la película y mejor les buscó caricaturas.

Un día en la clase de ciencias de Ximena su maestro les enseñaba en qué consistía la electricidad estática, les explicó que se trataba del exceso de carga eléctrica en un cuerpo y para que entendieran mejor les enseñó a hacer un experimento; inflaron un globo, lo frotaron sobre su cabeza y al alejarlo vieron como sus cabellos eran atraídas por el globo como por arte de magia, también les había mencionado que el cuerpo humano acumulaba cargas eléctricas y que era por ello que en ocasiones cuando intentábamos saludar a alguien más, o tocar algún objeto, este nos daba una descarga, algo así como que toques, a Ximena ya le había pasado alguna vez, todo ese tema le había recordado la película de Frankenstein.

Una vez más había llegado el fin de semana y las hermanas Vargas-Barragan estaban en casa jugando cuando de nuevo vieron que la señora de la limpieza tenía en su recogedor bastantes cabellos, entonces Ximena recordó el experimento de la escuela y corrió a buscar un globo a su mochila, lo infló, lo frotó en su cabello y luego lo puso sobre los pelos sueltos del recogedor y vio cómo se pegaban al globo, esto le causó mucha gracia a Larissa quien pidió a Ximena la dejara intentarlo también.

-Esto es muy divertido hermana- le decía emocionada Larissa a Ximena.

El lunes siguiente en la escuela de las niñas el grupo de Larissa tuvo una plática sobre los piojos, los niños estaban fascinados con el tema sin mencionar que los estaba inundando un miedo tremendo a esos bichos, la doctora que estaba  de visita les contaba que el hogar de los piojos eran sus cabezas y que estos viajaban por medio de los cabellos, que los seres humanos tenemos en promedio entre cien mil y ciento cincuenta mil cabellos en la cabeza y que en promedio al día perdíamos de cincuenta y cien cabellos, al oír esto Larissa se alarmó y sin pensarlo gritó llevándose las manos a las mejillas.

-Nos vamos a quedar pelones como mi abuelito.

Todos en el salón comenzaron a reír y la doctora les explicó que eso era normal y que no iba a pasar por el momento, que si bien había gente a la que ya no le salía cabello, a ellos que eran niños, eso no les iba a ocurrir puesto que el cabello crecía por las noches, así que no había de qué preocuparse. Larissa se sintió aliviada y cuando tocaron el timbre para salir al recreo se olvidó de todo y se fue a jugar.

Ese día por la tarde, mientras acompañaban a su mamá a hacer las compras, las hermanas Vargas-Barragan vieron en el supermercado un tapete que les había gustado mucho porque era muy peludo y les gustaba porque se tiraban sobre él y lo sentían suave y divertido, como buenas consumidoras decidieron probarlo bien por lo que bailaron, saltaron y jugaron para convencer a su mamá que se trataba de una buena compra, cuando su madre las quiso tomar de la mano para quitarlas del tapete las tres sintieron “toques” lo que ocasionó que la mamá de la niñas diera un grito que inmediatamente la hizo sonrojarse y taparse la boca con ambas manos pero ya era demasiado tarde, la gente que estaba cerca la había volteado a ver mientras Larissa y Ximena se aventaban al piso debido a sus carcajadas.

-¡Electricidad Estática!- gritó Ximena.

Esa noche de vuelta a casa, y con el tapete nuevo en el cuarto de las niñas, Larissa se encontraba peinado a su muñeca Romina con un cepillo y vio cómo se le habían quedado algunos cabellos de la muñeca en el cepillo.

-No te preocupes Romina- le decía a manera de consuelo la niña a su muñeca -no te vas a quedar pelona, en la noche te va a crecer el cabello- mientras quitaba los rubios cabellos de Romina y los hacía bolita así como había visto a su mamá hacerlo.

Una tarde, cuando Ximena bajaba la escalera de la casa para ir a la sala vio pasar una bolita de pelo junto a ella, Larissa venía de tras muy divertida.

-La doctora dice que todos los días se nos caen cien cabellos, pero en la noche nos vuelven a salir.

Ese dato le pareció interesante a Ximena que pensó en la cantidad de cabello que seguramente la señora de la limpieza debía juntar durante la semana, así que decidió juntar todo el que encontrara para ver si le salían las cuentas, así que usó una caja de zapatos y cada que veía una bolita de pelos la guardaba en la caja, quería ver cuánto juntaba.

Y así pasó un mes, Ximena había juntado el cabello que encontraba por la casa, en los baños, en la sala, en los cepillos de su tíos, abuelos, de su mamá y hasta de las muñecas, su colección ya era considerable, ya tenía una pelota del tamaño de una esfera grande de navidad y una noche decidió sacarla y jugar con Larissa en el tapete que les había comprado su mamá, vestidas con sus piyamas y calcetines danzaban y se aventaban la pelota de pelos generando cada vez más electricidad estática al frotar sus calcetines con el tapete, toda esta energía se la pasaban a la bola de pelos cuando se la aventaban una a la otra, de repente ocurrió algo increíble, Ximena sintió una descarga que la hizo soltar la bola de pelos que al caer en el tapete comenzó a emitir pequeños rayos como los que se veían en el cielo en noches de tormentas pero en chiquito, la bola de pelos temblaba por sí sola, hacía ruidos extraños.

-Ñam, grrr, ñam, grrr…

-Hermana- dijo asustada Larissa, -esa cosa hace como "Pinky", la perrita salchicha que tenían de mascota.

-Si hermana, ven rápido, está creciendo- contestó Ximena mientras asustada abrazaba a su hermana.

La bola de pelos crecía rápidamente se transformaba y tomaba forma humanoide, ya se le podían ver brazos, piernas y una cabeza, pero era imposible adivinar si tenía ojos, boca, nariz u orejas, aquella cosa estaba parada frente a las hermanas Vargas-Barragan que temblaban de miedo sin saber qué hacer, entonces hicieron lo que todo el mundo asustado haría en su lugar, gritaron la primera palabra que se les vino a  la mente.

-¡Mamáaaaaaaaaaaaaa!

Inmediatamente aquella cosa se llevo las manos a donde deberían estar sus oídos porque como era todo de pelo no se podía distinguir, pero era obvio que el grito de las niñas le había aturdido.

Larissa gritaba -¡mamá apúrate, el monstruo de pelos nos va a comer!, de pronto apareció su mamá al rescate que al ver semejante aparición abrió los ojos como platos y se quedo sin habla, el monstruo de pelos extendió su mano y lanzó una especie de bola de pelos que le cubrió la boca a la mamá de las hermanas Vargas-Barragan, después, de su otra mano los dedos se le alargaron con grandes hebras de cabello que rodearon a la mamá de Ximena y Larissa como si de la presa de una araña se tratase enrollándola como momia en una prisión de pelo ocasionando que cayera pesada al piso, fue entonces que Ximena y Larissa supieron que era hora de correr al cuarto de los abuelos, sin perder tiempo corrieron lo más rápido que pudieron  y cuando llegaron con ellos cerraron la puerta con seguro, sacudiendo a los abuelos, que no entendían a qué se debía tanto alboroto pues ya casi estaban dormidos, trataban de entender a Larissa y a Ximena que solo decían palabras sin sentido a diestra y siniestra.

-¡Mamá!

-¡Monstruo!

-¡De pelos!

-¡Ya viene!

-¡Auxilio!

Sus palabras fueron interrumpidas por un fuerte golpe en la puerta, en un vaso de agua que estaba sobre el buró de la abuela se dibujaban las vibraciones de esos golpes, la abuela abrazó a Larissa y el abuelo abrazó a Ximena mientras una hebra de cabello se deslizaba como serpiente por debajo de la puerta buscando quitar el seguro de la puerta, los abuelos no podían creer lo que veían, parecía una escena de película de terror, las niñas gritaban y lloraban sin cesar, el monstruo gruñía del otro lado de la puerta y después de un par de intentos por fin logró quitar el seguro, al abrirse la puerta la sorpresa de los abuelo fue mayor, la abuela cayó desmayada, el abuelo se puso frente a sus nietas para defenderlas y encaró al ente frente a él con valentía, caminó en círculos de tal manera que aquella cosa despejara la puerta de la habitación, el abuelo se movía lentamente pero expectante, Ximena trataba de pensar en un plan que les ayudara a salir de aquel problema, no podía quitar de su cabeza la película del monstruo Frankenstein, entonces se le ocurrió algo, seguramente esa cosa también tenía un punto débil.

El abuelo, con la manos extendidas para cubrir a sus nietas, una vez que estuvo de espaldas a la puerta les dijo en voz baja a las hermanas Vargas–Barragan –Cuando yo cuente hasta tres van a correr lo más rápido que puedan- Ximena trataba de decirle algo a su abuelo.
-Abuelito…

-¡Uno!

-Espera creo saber...

-¡Dos!

-Solamente tenemos que usar...

-¡Tres!…corran, corran.

Entonces las niñas corrieron mientras el abuelo cerraba la puerta a sus espaldas quedándose encerrado con el monstruo en la habitación, las niñas detuvieron su carrera para ver qué ocurría con el abuelo pero un silencio repentino les dio un mal presentimiento,  temieron lo peor, la puerta se entreabrió y no pasaba nada, Ximena y Larissa agarradas de la mano temblaban esperando ver salir triunfante al abuelo, pero entonces una cosa peluda terminó de abrir la puerta y rugió fuertemente frente a las niñas que a la distancia reaccionaron con un grito -ahhhh-, Ximena jaló a Larissa y le dijo –hermana tengo una idea, vamos a la cocina, ¡corre!- los niñas bajaron la escalera tan rápido como pudieron y llegaron pronto a la cocina, inmediatamente Ximena comenzó a buscar algo entre los cajones, no era un trapo, no era un tenedor, no era un cuchillo, tampoco cucharas, el tiempo se acababa, dónde estaba lo que necesitaba, dónde, pero ya era demasiado tarde, Ximena que no podía ver, porque estaba de espaldas, supo que cuando Larissa le jaló el pantalón de la piyama era porque el monstruo de pelos ya estaba ahí, giró lentamente y lo miró temerosa pero decidida, la cosa peluda extendió sus dos brazos para agarrar a las niñas por sus cuellos y las levantó del suelo amenazante, Larissa gritaba-¡ayúdame hermana!, ¡ayúdame!-, mientras intentaba morder el brazo del monstruo peludo pero era inútil, la boca le había quedado llena de pelos, entonces Ximena, que hasta ese momento había tenido su mano derecha oculta en su espalda, le mostró  al ente de pelos lo que tenía en la mano, un encendedor que usaban para la estufa, antes de bajar las escaleras había recordado la ocasión en que durante una navidad tiraban "cuetes" con su papá, les había dejado una vela encendida para sus “chispitas” y por curiosidad había tomado cabello y al acercarlo al fuego vio cómo se quemaba despidiendo un olor como a chicharrón, por eso  Ximena imagino que si el monstruo hubiera tenido cara, justo en ese momento, estaría dibujando una expresión de miedo infinito al saberse derrotado, Ximena accionó el encendedor y el fuego se esparció casi al instante sobre el monstruo de pelos que las liberó inmediatamente mientras se quemaba en su totalidad, las niñas corrieron a ver a su mamá y a sus abuelos que yacían desmayados en sus cuartos pero a salvo.

Las hermanas Vargas-Barragan habían derrotado al monstruo de pelos, había sido una gran aventura, su mamá y abuelos no recordaban nada, y las niñas decidieron no comentar nada al respecto, estaban contentas de que todo hubiera regresado a la normalidad, pero entonces su mamá comenzó a buscar un aroma que le parecía extraño.

-Huele raro.

-Seguramente fue un “pidin” de Larissa mamá- dijo Ximena para desviar la atención.

-Huele como a chicharrón.

-Mi mamá tiene hambre-  dijo Larissa, siguiéndole el juego  a Ximena.

-Entonces vamos por unos taquitos de chicharrón- dijo el abuelo a lo que todos contestaron en coro con un gran –¡Siiiiiii!.


Fin.

martes, mayo 24, 2016

HARAKIRI: SUDOR

"La cura para todo es siempre agua salada: 
el sudor, las lágrimas o el mar."
Karen Blixen







"Sudario" by LALO VARGAS
Los días habían estado realmente calurosos, Luis pensaba que podía aprovechar el clima a su favor, buscaba que el ejercicio hiciera efecto y ayudado por el calor, “sudar” la grasa que tanto lo acomplejaba, ya se lo habían dicho miles de veces, la grasa no se suda, se oxida al servir como combustible al realizar un ejercicio, pero Luis no escuchaba razones, se había obsesionado con bajar de peso, tomaba grandes cantidades de agua, caminaba grandes distancias, corría en las mañanas y en las tardes, manejaba bicicleta, hacía todo lo que le hiciera sudar a chorros para según él adelgazar, verse como los de las revistas.

En su continua búsqueda de la delgadez se inscribió en un programa experimental que había visto anunciado en internet, mandó un mail y a la vuelta de unos días le llegó hasta la puerta de su casa un frasco como de 500 gr., que contenía un polvo el cual, según las instrucciones, debía consumirse utilizando la cuchara dosificadora 1 vez al día, 10 minutos antes del vigoroso ejercicio, en un triángulo amarillo se podía leer una advertencia:  “nunca, sin importar las circunstancias, ingiera más de la dosis recomendada ya que su salud puede verse comprometida”.

Luis solía hacer ejercicio en la mañana, en la tarde y en la noche, lo malo es que no dejaba de comer lo que le gustaba, decía que prefería sacrificarse haciendo ejercicio que someterse a una dieta rigurosa, estaba determinado a bajar de peso, a reducir tallas, a verse mejor , a trabajar su cuerpo día y noche, hasta en sus sueño se ejercitaba, no pensaba en otra cosa, pasaba las horas leyendo sobre rutinas, métodos, aparatos para hacer más ejercicio, su obsesión lo estaba consumiendo.

Después de un mes de consumir el producto experimental que le había llegado por correo Luis había visto los resultados, sin embargo su nivel de obsesión no le permitía apreciar los cambios en su cuerpo, ya había bajado 10 kg, la gente en el trabajo se lo decía, algunos pensaban que Luis estaba enfermo, y no estaban muy lejos de la realidad, algunos amigos suyos pensaban que sufría alguna especie de vigorexia  pero no podían estar completamente seguros de ello.

Una noche al pesarse, Luis notó que en dos semanas no se habían registrado cambios importantes en su cuerpo, eso lo puso muy mal, despotricó en contra de todo el ejercicio que había estado haciendo las últimas dos semanas, mandó al diablo a todo el mundo y deseó verlos en el infierno, pateó, aventó y rompió todo lo que estuvo a su alcance en el pequeño patio de piso de cemento rojo que usaba como área de entrenamiento, después entró a la casa, tomó el suplemento experimental, lo abrió con desesperación , como lo haría un adicto con una droga envasada, y sin usar la cuchara dosificadora, vació el contenido en la licuadora, puso algo de frutas, leche y mezcló todo para finalmente tomar directamente su contenido del vaso de la licuadora.

Luis sintió un leve mareo, se dijo así mismo que había sido por haberse tomado el licuado tan rápido, ni siquiera esperó los 10 minutos y comenzó a hacer ejercicio como un loco, cualquiera al verlo hubiera pensado que Luis estaba poseído o de plano drogado, y esa afirmación no hubiese estado muy lejos de la realidad, la cantidad de polvo que había puesto en su batido era 100 veces mayor al recomendado, Luis sudaba copiosamente, sentía que se quemaba por dentro, se quitó su playera, el short, los tenis y los calcetines porque sentía que en cualquier momento ardería, entonces decidió detenerse y se recostó en el piso, su corazón latía con tal fuerza que parecía le saldría del pecho, entonces cerró los ojos, trató de controlar su respiración y después de unos minutos lo consiguió, el cuerpo le dolía, siempre se preguntaba si algún día dejaría de dolerle todo el cuerpo por tanto ejercicio, se relajó, cerró los ojos, se imaginó flotando en el espacio sin sentir dolor alguno, preocupación alguna, se sintió liberado, se sintió en paz, se quedó dormido, en ningún momento dejó de sudar.

Una semana después un grupo de amigos fueron hasta la casa de Luis, no contestaba las llamadas y había faltado al trabajo sin avisar, en el piso de la cocina encontraron el vaso de la licuadora tirado, salieron al patio y en el piso vieron una silueta extraña que se asemejaba a la de un ser humano, pensaron que se trataba de una especie de mancha de aceite, no le tomaron mucha importancia.

En los días siguientes lo buscaron por todas partes sin saber nada de él, la empresa que le había enviado el producto quebró después de reportarse desapariciones de otros clientes como Luis, al no poderles comprobar secuestro o asesinato alguno se cerró el expediente pero también los hicieron cerrar sus laboratorios para siempre.

viernes, febrero 06, 2015

HARAKIRI: LA GESTIÓN

Con la intención de concursar con un texto en la convocatoria realizada por http://masterpeace.fundacionannazarnecki.org/index.html escribí un par de cuentos que al final decidí no enviar para dicho certamen, preferí quedarmelos y compartirlos tanto en mi blog como en el un colectivo que recien inicia y que exije textos ineditos, HOJA EN (EL) BLANCO (http://hojaenelblanco.blogspot.mx).

El tema es los 43 desaparecidos,  Ayotzinapa y su impacto en la sociedad.

 "Los 43 son, o eran, jóvenes preparados para la vida, para la política, para la batalla contra la opresión, informados, organizados, inteligentes, rebeldes y muy probablemente indignados y rabiosos con la forma en que su estado y su país les ha tratado desde que nacieron"

Fragmento de  la columna PLAN B de LYDIA CACHO, http://aristeguinoticias.com/2701/mexico/plan-cicatriz-ayotzinapa-articulo-de-lydia-cacho/




David es representante de su comunidad, logró ese puesto en base a elección popular, la gente lo respeta y admira, saben que pueden confiar en él para resolver los problemas que surgen, el gobierno tiene pendientes varios trabajos pendientes en el lugar y las gestiones de David son la esperanza de los pobladores.

Rosita es hija de David, tiene 8 años, acompaña a su padre siempre que necesita el apoyo de los vecinos de la comunidad, David muchas veces necesita recolectar las firmas de los vecinos para poder tramitar obras en el ayuntamiento, a Rosita le parece divertido ir de puerta en puerta con su papá, algunos vecinos le invitan  bocadillos y golosinas a la pequeña gestora.

David trabaja como diseñador gráfico en una revista local, el salario no es mucho pero le permite poder llevar la comida a la casa, parte de sus actividades fuera del trabajo es la de ver, escuchar y leer la mayor cantidad de noticias que pueda ya que eso le sirve para conocer las tendencias de publicaciones de todas partes del mundo y así estar a la vanguardia, es de las pocas maneras que tiene para estar actualizado, Rosita siempre se sienta con su papá a ver los periódicos y revistas, le interesa mucho saber por qué son tan importantes para su papá quien a veces no tiene tiempo de jugar con ella por estar pegado a esas publicaciones o a en la computadora.

Desde hacía varias semanas todo lo que papá veía, escuchaba y leía tenía una palabra en común, “Ayotzinapa”, y además un número, “43”, la curiosidad le había entrado de manera tal que decidió preguntarle a su papá qué era todo eso, David se encontraba muy ocupado en ese momento y le dijo a su pequeña que ese asunto era muy complejo y que ella era muy pequeña para entender.

María, la madre de Rosita trabaja como enfermera en un hospital de la ciudad, tiene turnos extenuantes, trabajaba dos días de mañana, dos días de tarde y dos días de noche descansando un solo día a la semana, siempre anda con prisas, porque en ocasiones, cuando falta alguna compañera le llaman para cubrirla, no tiene opción, ella no es una enfermera titular, está contratada de manera eventual y sabe que debe hacer méritos para ganarse la titularidad en el hospital.

Cierto día María se preparaba para salir a trabajar de improviso pues le habían llamado del hospital para cubrir a una compañera que faltó a trabajar, iba de un lugar a otro buscando su cofia, su uniforme y todo lo demás, Rosita seguía indagando sobre Ayotzinapa y el número 43, así que pensó que tal vez su madre podría ayudarle dándole alguna pista, sin embargo María no le prestó mucha atención y mientras tomaba un suéter, para aguantar el frío del hospital, besó la frente de su pequeña y le pidió que se fuera a ver la televisión ya que, según María, su nena estaba muy chica para preocuparse por cosas de los grandes, ya era de noche, María no regresaría sino hasta al día siguiente por la mañana.

Rosita decidió hacerle caso a su mamá, fue a la sala buscando a su padre para pedirle permiso para ver televisión y lo encontró dormido en el sofá con la computadora portátil en las piernas, revistas y periódicos regados a los lados, la niña no quiso despertarlo y le quitó la computadora de las piernas, cuando se disponía a apagar el televisor el presentador de noticias daba cuenta de los acontecimientos más recientse sobre el caso Ayotzinapa y los 43 normalistas desaparecidos, Rosita se acomodó junto a su papá y se quedó mirando el televisor.

Por la mañana el despertador del celular de David le indicaba que debía despertarse para ir a trabajar, le dolía el cuello por haber dormido sentado, la televisión estaba encendida y Rosita descansaba recostada en sus piernas, ambos se habían dormido mirando el televisor, María no tardaría en llegar y él aún no vestía a su niña para llevarla a la escuela de camino al trabajo, así que le dio un beso en la frente y cariñosamente la despertó, lo primero que dijo su nena al despertar fue: -papá, ¿verdad que van a aparecer?, David no entendía la pregunta de su niña, no sabía de qué le estaba hablando, -¿quiénes hija?,preguntó, -los 43 muchachos desparecidos papá;  le dijo la niña a su padr, este le sonrió y con un beso en la frente le dijo que él esperaba que si.

Por la tarde Rosita regresaba de la escuela con su padre y este le preguntó por unos papeles con muchas firmas ya que las había extraviado, la niña le preguntó que para qué quería todas esas firmas, David le explicó que esas firmas servían para poder pedir cosas al ayuntamiento y con ellas demostrar que la comunidad estaba de acuerdo y apoyaban esa solicitud, él como su representante es la voz de la comunidad, de esa manera no tenían que ir todos hasta el ayuntamiento ya que con las firmas era suficiente, habiendo escuchado esto rosita le dijo a su padre que esos documentos estaban junto con las revistas y diarios que le había acomodado la noche anterior, David agradeció a su niña el dato.

Como todas las noches que le tocaba trabajar a María, su esposo cuidaba de Rosita, tiene su estilo de cuidarla, le sirve la cena y mientras la niña come él se sienta en el comedor para acompañarla y revisar el portal que administra para la revista donde labora, sumergido en su trabajo David escuchó a Rosita cuando le preguntó: -papá si yo desapareciera, ¿me buscarías?, el padre al escuchar esto levantó la cabeza por encima de la pantalla de la computadora portátil y miro extrañado a Rosita que jugaba el cereal sin quitarle la vista de encima, David le respondió que ciertamente él la buscaría, por cielo más y tierra de ser posible, entonces Rosita preguntó sobre cómo se sentiría si no lograba encontrarla, David sintió una presión en el pecho, le ardieron los ojos, derramó un par de lágrimas reteniendo un sollozo e inmediatamente impidió que su hija lo viera llorar, respiró profundo procurando evitar que se entrecortara su voz y le dijo que se moriría de pena y sufriría mucho si no la encontraran, David se puso de pie, caminó hasta su niña, estaba intrigado sobre las preguntas que su hija le hacía, la niña le dijo a su padre que entonces así se sentían los papás de los 43 muchachos desaparecidos, David la abrazó y le respondió que era difícil imaginar lo mal que esos padres y familias se sentían pero que sí, que seguramente eso estaban sintiendo.

El sábado por la mañana Rosita se despertó muy temprano, se cambió de ropa y tomó su mochila, se dirigió al cuarto de sus padres e intento despertarlos, María había llegado en la madrugada de trabajar y estaba agotada, David se había dormido hasta tarde actualizando el sitio de la revista y tampoco daba señales de que fuera a despertarse a pesar de los intentos de Rosita por conseguirlo, eso hizo que se molestara su padre y la mandar a ver televisión para que los dejara descansar, la niña sintió que su papá le había levantado la voz y salió corriendo de la habitación.

Tres horas después María despertó para ir al baño, escuchó el televisor de la sala encendido, dedujo que Rosita ya estaba viendo caricaturas temprano, salió a preguntarle sobre qué quería para el desayuno y se encontró con que en la sala no había nadie, la buscó en su cuarto, en el baño, en la cocina, en el patio y nada, el pánico se apoderó de ella y corrió a buscar a David que todavía no comprendía lo que estaba sucediendo, estaba más dormido que despierto, cuando por fin entendió lo que su esposa le estaba diciendo, volvió a buscar por toda la casa a su niña y no obtenía respuesta alguna, pensaron en llamar a la policía pero no había trascurrido tanto tiempo, entonces David recordó la pregunta que le había hecho su niña sobre si él la buscaría en caso de que ella desapareciera, se desplomó y calló de rodillas tirando de su cabello, comenzó a llorar de manera inconsolable, su esposa lo abrazó y lloraron juntos, entonces por fin reaccionó David, se vistió, tomó su teléfono y salió a buscar a su niña, hizo algunas llamadas de familiares para saber si estaba con ellos pero no tuvo suerte, comenzó a gritar su nombre por las calles de la comunidad, algunas personas lo miraban extrañados, entonces se topó con un vecino que al verlo le dijo que él también quería que aparecieran, David no comprendía, pidió una explicación, su vecino le dijo que muy temprano por la mañana Rosita había pasado a su casa pidiéndole una firma para gestionar una búsqueda, a lo que él no le había visto ningún problema, David lo interrumpió preguntándolo hacia dónde se había ido su hija, al ver su desesperación en su rostro el vecino le indicó la dirección en la que la niña había caminado en su búsqueda de firmas, David comprendió que si preguntaba casa por casa alguien le podría dar informes de Rosita, y así fue.

Siguió la ruta que su niña seguramente había elegido, corrió hasta donde él creía podía hallarla y entonces la vio a lo lejos, sentimientos encontrados se apoderaban de él, por un lado se sentía aliviado y al mismo tiempo quería darle una paliza a su hija por el mal momento que le había hecho pasar a él y a su esposa, se encaminó con paso firme y veloz decidido a darle unas nalgadas cuando escuchó que una señora le preguntaba a la niña para qué eran las firmas, la pequeña le respondió que las necesitaba para que su papá pidiera  al ayuntamiento que buscaran y encontrara a los 43 muchachos desaparecidos y sus familias no sufrieran más.

Ese mismo día por la noche, David regresó a casa con su hija en brazos, estaba dormida, su esposa al escuchar la puerta corrió a recibirlos, él le hizo una seña para que no despertara a la niña, María con voz baja le preguntaba a su esposo qué había pasado, por qué regresaban tan tarde, dónde la había encontrado, él caminó hasta la habitación de su niña seguido por su esposa, la acostó en su cama, la arropó y le dio un beso en la frente, tomó a su esposa de la mano y la llevó hasta la sala, del bolso trasero de su pantalón sacó unas hojas dobladas y se las dio a su esposa, ella las recibió extrañada y al abrirlas vio que se encontraba llena de firmas, miró a su esposo y le preguntó para qué eran, David sonrió y orgulloso contesto que eran para solicitar al ayuntamiento ayuda y encontrar a los 43 normalistas desaparecidos, su esposa le dijo que estaba loco, él le dijo que había sido idea de Rosita, que al no haberle hecho caso ella había tomado la iniciativa de recolectar las firmas para que él fuera a pedir el apoyo de las autoridades para buscar a los normalistas de Ayotzinapa y de esa manera sus padres no sufrieran más, María se conmovió hasta las lágrimas, pensó en la angustia y desesperación, impotencia y rabia que estaban sientiendo esas familias, abrazó a su esposo, le dijo lo orgullosa que se sentía al tener una hija así, Rosita les había enseñado una valiosa lección a todos.